Ser mujer
SER MUJER
El papel de la mujer durante el siglo XIX y el siglo XIX atraviesa
etapas muy diferentes, ya que, a principios del siglo XIX el papel de la mujer
en la sociedad ocupaba una parte marginal, ya que era un papel secundario que
solo en alguna ocasión intervenía en la economía de la familia, ya que por
delante siempre iba el hombre.
A principios de siglo, el rol de la mujer era el de una ama de casa
sumisa y obediente, que siempre estuviera al servicio de su marido y de su
familia, ya que ellos pasaban gran parte del día fuera y la madre tenía que
estar a su servicio cuando llegaran. Además, las niñas solían estudiar cosas
relacionadas con las tareas domésticas, y estaba mal visto que las chicas estudiaran
cosas que, en ese entonces, estaban destinadas a los hombres, como las
matemáticas o las ciencias. De hecho, al principio no estaba permitido que
acudieran mujeres a la universidad en muchos países. Esto provocó una gran
alfabetización en el sector femenino a principios del siglo XIX. Pero esta
situación fue progresando hasta el día de hoy, encontrándonos enormes progresos
hasta lograr casi la igualdad entre ambos sexos.
En este artículo voy a hablar sobre que progresos ha conseguido la mujer
respecto a la igualdad en los siglos XIX y XX y las fechas más significativas
para el feminismo.
En el siglo XIX comenzó la segunda ola del feminismo. Fue llevada a cabo
por las sufragistas norteamericanas, que ya tenían experiencia debido a que
participaron en la defensa de la abolición de la esclavitud.
Sufragio femenino y aumento de los derechos en los siglos XIX y XX
Las primeras mujeres que se atrevieron a enfrentarse a la sociedad
públicamente fueron Lucretia Mott y Elizabeth Cady Stanton. El 19 y 20 de julio de 1848 se celebró en Seneca
Falls (Nueva York) la primera convención sobre los derechos de la mujer en
Estados Unidos. Lo que denunciaban estas mujeres era que un documento basado en
la Declaración de Independencia de los Estados Unidos restringía en exceso a las mujeres,
especialmente en la política. Y tenían razón, porque las diferencias eran
evidentes: No podían votar ni ser candidatas a las elecciones, ni ocupar cargos
públicos, ni afiliarse a organizaciones políticas o asistir a reuniones políticas.
También iba en contra de restricciones económicas que
habían impuesto, como el veto a tener una propiedad privada. Esto propiciaba que, si una mujer quería obtener en propiedad una vivienda, tenía que darle el dinero al marido para que la comprara él, y los bienes pasaban a ser propiedad del marido. Otras prohibiciones que existían era que las mujeres no podían tener ninguna empresa o comercio ni abrir cuentas corrientes en el banco. Esto las vetaba del mercado laboral y las forzaban a trabajar en tareas del hogar o ayudar a su marido en el campo, además de no poder trabajar en campos relacionados con la economía y el comercio.
Esta declaración fue firmada por 68 mujeres y 32 hombres
de diversos movimientos y asociaciones políticas, considerándose el
inicio del movimiento feminista actual.
21 años más tarde, en 1869, se ponen las bases para el
movimiento sufragista, ya que Susan B. Anthony y Elizabeth Cady Stanton
fundaron la National Woman Suffrage
Association (Asociación Nacional para el Sufragio
Femenino). Esta asociación se encargó de reclamar el voto femenino en diferentes
estados americanos y cambiar ciertos artículos de la constitución de los
Estados Unidos de América. Fueron más de 60 años de lucha hasta que en 1920 aprobaron la Decimonovena Enmienda a la Constitución de los Estados
Unidos, en la que estaba escrito que
ni los estados de los Estados Unidos de América ni el gobierno federal puede
denegarle a un ciudadano el derecho de voto a causa de su sexo.
El primer país en aprobar el sufragio femenino sin restricciones fue Nueva Zelanda en 1893 gracias al movimiento liderado por Kate Sheppard. Sin embargo, las mujeres solo podían votar, restringiéndoles todavía presentarse a las elecciones. En España, fue reconocido tras la Constitución de 1931 instaurada con el gobierno de la 2ª República Española. En ésta estaba recogido que las mujeres tenían derecho a voto, que pudieron ejercer por primera vez en las elecciones generales de noviembre de 1933. La dictadura de Franco (1939-1975) anuló las elecciones, y con ello, el sufragio masculino y femenino. Tras la muerte de Franco en 1975, los españoles y españolas volvieron a votar en 1976 durante la Transición Española.
La educación de las mujeres en los siglos XIX y XX
El sistema educativo anterior al siglo XIX estaba destinado exclusivamente a los hombres y consideraban a la mujer el segundo sexo. Esto se debía a que las ideas de las mujeres no eran evolutivas y no aceptaban dejar de ser amas de casa viviendo una vida tranquila. Sin embargo, algunos hombres y mujeres progresistas querían difundir otro mensaje distinto apostando por la liberación educacional de la mujer. Muy un comienzo muy duro, pero los avances fueron imparables.A principios del siglo XIX, la obligación de la mujer
era adquirir conocimientos relacionados con la vida doméstica. Esta estaba
denominada como la tarea de la Miga, donde las niñas aprendían labores y
religión entre los 6 y 9 años. Esto supuso un desaprovechamiento de lo que la
mujer podía ofrecer a la sociedad para mejorarla.
La Ley Moyano (1854) cambió radicalmente la educación
de la mujer. Favoreció a la igualdad entre sexos, se crearon escuelas y tras
unos años más las mujeres entraron a la universidad, aunque solo podían entrar
si obtenían un permiso especial del Consejo de Ministros. La primera mujer que
entró a la universidad en España fue María Elena Maseras Ribera, que logró
matricularse en la Facultad de Medicina de medicina en la Universitat de
Barcelona (1872). Aun así, la demanda era superior a lo que la población
demandaba y la formación de las maestras no era tan avanzada. A partir de 1910,
paso a ser completamente legal y se empezó a ver como algo normal que las
mujeres acudieran a la universidad.
Sin embargo, la población todavía seguía apostando por
la educación de los hombres y no acababan de ver claro que las clases pudieran
ser mixtas, hasta la llegada de la segunda república.
Durante la Segunda República Española (14/4/1931-1/4/1939)
se instauró una etapa de innovación en la forma de enseñar y aumentó la calidad
de enseñanza. El rol de las mujeres pasó a un primer plano compartido con los
hombres, ya que aumenta el porcentaje de mujeres universitarias y de matrículas
femeninas, fomentando la coeducación. Las profesoras también experimentaron un
cambio de papel. Surgen las primeras inspectoras de educación y las maestras
empezaron a enseñar en clases de secundaria y bachillerato
Con la Segunda República no solo mejoraron las condiciones
educativas, porque también abordaron otros problemas que tenía la mujer: Impusieron
igualdad jurídica con el hombre; descanso de seis semanas
después del parto; prohibición de despido de las trabajadoras al casarse; y el derecho a voto, anteriormente
dicho.
Tras la guerra civil (1936-1939) y con Franco como Jefe
de Estado, el progreso educativo que tanto le había costado a la mujer se vio
derrocado. Durante la dictadura (1939-1975) la enseñanza fue llevada a cabo por
la jerarquía
eclesiástica y la Sección Femenina, volviendo a un modelo muy antiguo similar
al impuesto en el siglo XIX.
El modelo de educación
durante la dictadura seguía las siguientes bases: Se prohíbe la coeducación,
volviendo a la separación de sexos en el aula; se imparte una educación
distinta para hombres y mujeres (para las chicas la educación estaba basada en
labores del hogar) y la innovación y creatividad pasaron a un lado para dejar
paso a la opresión. Con los planes de
desarrollo en los años 60 y la apertura al resto del mundo empezó de nuevo la
progresión. Las mujeres con estudios universitarios aumentaron buscando un
trabajo cualificado para poder vivir sin la necesitad de estar con un hombre. La
Ley Villar Palasí (1970) reconoció la igualdad de sexos, instauro la educación
obligatoria hasta los 14 años para ambos sexos y se inició la escuela mixta,
activa hasta día de hoy.
La llegada de la
democracia y de la Ley Orgánica del Derecho a la Educación (1985) abrió las
puertas a sectores excluidos. La presencia de las mujeres ya era muy semejante a
la de los hombres y unos años más tarde les superó en número. También se implantaron
escuelas para adultos, mayoritariamente ocupadas por mujeres. La ley LOGSE
(1990) impone la educación obligatoria hasta los 16 años, además de exigir la
igualdad y la coeducación. A final de siglo se vio culminada la igualdad, que
tan difícil fue para la mujer y que tanto luchó por ella.
Las mujeres en la ciencia durante los siglos XIX
y XX
Desde sus inicios, las mujeres han intervenido en el campo de la ciencia regularmente. Sin embargo, los roles de cada genero estaban definidos y por eso ellas nunca tuvieron el peso correspondiente. La expansión comenzó con la ilustración en Francia durante el siglo XVIII, donde llevaban a cabo distintos experimentos o estudios a modo de pasatiempo.
Durante el siglo XIX, las mujeres seguían estando
vetadas de este mundo, al igual que de la mayoría de ámbitos científicos. A
pesar de ello, empezaron a ser admitidas en distintas sociedades. Una de las
primeras mujeres en lograr avances importantes para la ciencia fue Ada
Lovelace. Nacida en Londres (1815-1852) se le atribuye el logro de ser la
primera programadora computacional del mundo. Creó
el primer algoritmo capaz de ser procesado por una máquina – la máquina analítica-
en 1837, que sirvió para mejorar las calculadoras de uso general y para el
desarrollo inicial de los computadores. Ella fue mas allá y predijo que los
computadores iban a ser capaces de realizar muchas más cosas aparte de los cálculos,
como la composición de música.
A mediados de siglo crecieron las oportunidades para
las mujeres. Debido a que la educación de la mujer empezó a ser similar a la de
los niños, crearon escuelas y universidades de mujeres en países como Reino
Unido. En este país contribuyeron considerablemente en la Enfermería. Florence
Nightingale fue la precursora de la enfermería actual y creadora de el primer
modelo de enfermería; y construyó escuelas de enfermería exclusivas para
mujeres en todo el Reino Unido. Durante este siglo se licenciaron gran cantidad
de mujeres en estudios científicos, aunque el auge de las mujeres en los estudios
científicos vino en el siguiente siglo.
Durante el siglo XX el aumento de las mujeres estudiantes
proporcionó trabajos muy bien remunerados y el aumento del interés en estudiar
sus diferentes ramas, en las que al fin tenían oportunidades para educarse. Los
campos mas predestinados para la mujer fueron la botánica, la embriología y la
psicología, donde eran aconsejadas para que optaran por especializarse en psicología
infantil. La mujer más importante del siglo fue Marie Curie. Maire Curie nació
en Varsovia (1867-1934) y fue una científica polaca que se convirtió en la
primera mujer ganadora de un Premio Nobel en 1903 por su trabajo en la
radioactividad (física). En 1911 ganó un segundo Nobel en química por sus descubrimientos
en la radioactividad. Con la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial
murieron millones de hombres y muchos de estos huecos los ocuparon las mujeres,
que empezaron a adentrarse en el mundo laboral. El aumento de las mujeres en la
ciencia a partir del final de la segunda Guerra Mundial (1945) fue imparable y
donde muchas mujeres avanzaron en diferentes ámbitos científicos: Rosalind
Franklin (ADN y virus), Jocelyn Bell Burnell (Radio Pulsar), Marina Soliva (Ginecología)
y Barbara McClintock (Genética) solo fueron algunas de las múltiples mujeres
que cosecharon grandes logros en la ciencia durante la segunda mitad del Siglo
XX.
La mujer que más ayudó a cambiar el trascurso de la
historia en este siglo fue Lise Meitner, ya que sin ella podrían no haber
aparecido las bombas nucleares. Lise Meitner nació en Viena (1878-1968) y formó
parte del equipo que descubrió la fisión nuclear, un logro por el cual su amigo
Otto Hahn se llevó un premio Nobel a su costa. Su hallazgo científico dio lugar
a reactores para la producción de electricidad, a las armas nucleares empleadas en la Segunda Guerra Mundial y a la medicina nuclear. Cuando la invitaron en 1939 al proyecto Manhattan para desarrollar
la primera bomba nuclear rechazó trabajar en el proyecto ya que no quería estar
involucrada en nada que tuviera que ver con bombas. El elemento n.º 109, meitnerio, fue nombrado en su honor.


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